Está en la caja de los objetos perdidos. Nadie lo reclama, nadie lo busca, nadie lo encuentra. Sólo una inmensa placa entre los yuyos y la basura (en la mitad del predio) recuerda que se trata de "una obra de los tucumanos para los tucumanos" inaugurada en 1996. Sin embargo, es usado y abandonado. Todo al mismo tiempo.
El Predio Ferial Norte subsiste en la zona de El Bajo como puede. Entre basurales, mal olor, estructuras peladas y herrumbradas. Por la noches, se transforma en un albergue de amantes rapaces, que dejan preservativos usados a lo largo de sus caminerías.
Ocupa una manzana. El galpón que se encuentra sobre avenida Sáenz Peña está deshabitado y, adelante, han quedado olvidadas las jaulas en las que alguna vez se proyectó mandar a los vendedores ambulantes. Ahora son un cúmulo de hierros oxidados, que de a poco fueron tapados por la maleza.
En la parte posterior del predio, llegando al pasaje Díaz Vélez y sobre Charcas, funcionan distintas dependencias, públicas y privadas. Entre ellas, el Ministerio del Interior, la escuela domiciliaria Elizabeth Kenny, el Inti, la oficina de Mi Pyme y Empleo (del Ministerio de Desarrollo Productivo), un depósito del Ente Tucumán Turismo y la fábrica Alfajores del Tucumán.
Como explican algunas maestras y Víctor Mascareño, empleados de Mi Pyme y Empleo, cada uno se ocupa de mantener su porción en condiciones. "Limpiamos nuestra parte y si algo se rompe lo arreglamos, pero no se lo pedimos a nadie", explican dos maestras.
En el otro extremo, hacia el pasaje García, hay dos comedores que dependen de la Asociación civil Mensajeros de la Paz. Una mujer que baldea la entrada cuenta que por día asisten más de 50 ancianos y varios niños a comer. Al igual que los demás, ella sólo baldea esa parte.
Pese a que todo se viene abajo, todavía es posible imaginar lo que habrá sido ese monstruo en sus años de gloria con el traqueteo del ferrocarril. O los años posteriores a la inauguración, cuando se organizaba la Expo FET y el "Tren Turístico 9 de Julio" transportaba dos vagones con visitantes desde allí hasta la altura del Colegio Nacional. Pero eso es historia.
Sin embargo, tal es la imponencia de esta construcción ferroviaria que ni el tiempo ni el desamparo pudieron destruirla del todo.
Sin final feliz
La pregunta fue simplona, casi infantil. ¿De quién depende?
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La respuesta no vino rápido, algunos encogieron los hombros y otros prefirieron el "si te digo, te miento".
A partir de ahí, comenzó un derrotero de averiguaciones sin rumbo y, hasta ahora, sin final feliz. La pelota fue y vino varias veces: "No es de la Municipalidad, es de la Provincia". "No es de la Provincia es de la Nación".
La Provincia sonaba el éter mismo. Entonces, vino la segunda y más obvia pregunta aún: cuando hablamos de la Provincia, ¿a quién nos referimos?
"Probá en la Secretaría de Desarrollo Productivo", aconsejó una voz.
"¿El predio? No, no es nuestro", sentenció Jorge Feijoó, el secretario de la producción con tonada santiagueña.
Algo parecido, sólo que con otras palabras, sucedió en el Ministerio del Interior, en la Dirección de Arquitectura y Urbanismo, en la Fiscalía de Estado y hasta en la Dirección de Catastro provincial. "No nos corresponde", coincidieron. ¿No es de nadie? ¿Es de todos? o ¿Es de cualquiera?
La Provincia estaba lejos de corporizarse en una oficina con un responsable con nombre y apellido. Al mismo tiempo, cuanto más intentábamos buscarle un padre al Predio Ferial, más huérfano resultaba.
"Es una laguna", sugirió otra voz anónima. Tentaba preguntar si sucedía lo mismo que con la estación de El Provincial, pero no había más lugar para preguntas sin respuestas.